He decidido Gozar

“Este es el día que ha hecho el Señor para que nos gocemos y nos alegremos en el” Salmo 118:24


¿Cómo comenzó tu día? Quizá me respondas, “comenzó como todos los demás, lleno de tareas, preocupaciones, problemas sin resolver y como todos los otros días con una la lista de cosas que aparecerán en el camino”. Si esa ha sido tu respuesta no eres la única, ya que son muchas las mujeres que se levantan cada día angustiadas, sin descanso y otras sintiendo que la vida es injusta.


Estoy convencida que podemos encontrar muchas razones para justificar esta situación pero ese no es el plan de Dios para ti.


La Biblia nos dice, “Este es el día que ha hecho el Señor para que nos gocemos y nos alegremos en él” (Salmo 118:24).  Me dirás “¿cómo me voy a alegrar con esta carga tan grande? Si supieras por lo que estoy pasando podrías entender porque me siento así”. Aun cuando pienses que no tienes razones para alegrarte hay que hacerlo, simplemente porque el gozarse y el alegrarse de acuerdo a este verso no está condicionado a cómo te sientas ni tampoco está condicionado a las situaciones por las que estás pasando.  El verso nos dice que este es el día, no ayer, no mañana sino hoy, en el que hay que gozarse.


Nos hemos acostumbrado a mirar nuestras circunstancias, que olvidamos a Aquel que nos ha dado el día para que nos sobrepongamos a las mismas.


Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos estamos quejándonos o lamentándonos por todo el trabajo que tenemos que realizar, todas las situaciones que resolver y para colmo de males nos sentimos como si a nadie le importara.


Te comparto estas cosas porque hubo momentos en mi vida que me sentí igual. Sentía como si me hubieran puesto el mundo encima para que le resolviera todos los problemas a la gente pero no había nadie que resolviera los míos.  Hubo días en que pensé “esta es la vida que me tocó vivir y no va a cambiar”.  Pero estaba equivocada. No era la vida que me había tocado vivir, sino que era la vida que yo había escogido.


Recuerdo aquel día en que me encontraba en mi casa planchando la ropa.  Te confieso que no me gusta planchar y menos cuando la mayoría de la ropa son camisas blancas de vestir.  Me quejaba cada vez que tenía que hacerlo.  Ese día comencé a planchar y a quejarme por toda la ropa que había dejado acumular incluyendo las camisas que estaban sobre la tabla de planchar, así que comencé a planchar con coraje y a regañadientes.


La verdad es que mientras más planchaba más me enojaba y con más fuerza tiraba la plancha sobre la ropa de un lado a otro.  En ese momento aunque estaba sola en la casa oí una voz que me dijo; “¿Por qué te quejas? ¿Sabes cuántas mujeres quisieran estar haciendo lo que tú haces? No tienes idea de cuántas mujeres quisieran tener una plancha y quisieran tener la ropa que estás planchando. Tú tienes la ropa, tienes la plancha, tienes la tabla, tienes para vestir y para vestir a los tuyos y aun te quejas?”.


Aquellas palabras me golpearon el corazón.  Apagué la plancha, caí de rodillas y comencé a llorar.  Entendí que Dios conocía mi actitud, pero aun su misericordia se extendió, me visitó y me dio una lección.  No era tiempo de quejarme, era tiempo de disfrutar el día planchando y agradeciendo a Dios que nos había bendecido con ropa, plancha y tabla (hago énfasis en la tabla porque he estado en lugares en donde tienen una plancha, pero no tienen la tabla de planchar y lo hacen sobre una mesa o sobre la cama). Este día lo había hecho el Señor para que me gozara y alegrara y yo estaba amargada y enojada.


Hoy sigo planchando la ropa y las camisas de vestir, pero lo hago con alegría.  Ese día mi vida dejó de quejarse por tener que planchar y comencé a disfrutar la bendición de poder hacerlo.  Mi decisión de cambiar mi actitud hizo la diferencia.
Todos los días los seres humanos tomamos un promedio de 2,500 decisiones.  Tienes idea de lo que son 2,500 decisiones? Wow! son demasiadas.  Cada decisión tiene consecuencias, positivas o negativas.  Lo que tú y yo vivimos hoy es producto de nuestras decisiones.


Déjame decirte lo siguiente, “La calidad de tus decisiones, determinará la calidad de tu vida”.  Cuando las cosas no marchan bien es porque no hemos tomado buenas decisiones.  Sé que lo último que esperamos escuchar es que nos echen la culpa o nos hagan responsables de la condición en la que nos encontramos. Lo cierto es que nuestra vida jamás cambiará hasta que aceptemos la responsabilidad de nuestras decisiones.


Con esto no quiero decirte que no hay remedio, al contrario, quiero decirte que todo puede cambiar. Aprendí que nadie podía tomar la decisión por mí, ya que sólo estaba en mis manos el decidir que deseaba un día bendecido, un día de alegría y gozo.
Mi deseo era ayudar a las demás personas, deseaba “resolver los problemas del mundo”, pero sin dejar de disfrutar cada día como un regalo de Dios.   No deseaba hacerlo con queja y con lamento. Anhelaba hacer las cosas agradando a Dios y no como una obligación.  Y lo logré. Aunque planchar la ropa todavía no es algo que me apasiona lo sigo haciendo con alegría porque es una bendición el poderlo hacer.


Entonces entendí que este principio lo podía aplicar en todas las áreas de mi vida. Tomé la decisión de comenzar a hacer lo que la Biblia me estaba llamando a hacer con cada día y así lo hice. Di gracias a Dios por darme la vida, por el privilegio de poder ver, de moverme, de caminar, de hablar y de comenzar a hacer las cosas bien.


Le dije a Dios que quería disfrutar ese día como nunca antes lo había hecho.  Sabía que las tareas, situaciones, circunstancias, problemas por resolver, enfermedad, y los problemas de los demás estaban en la lista del día, pero no iba a dejar que ellos controlaran mis emociones o mi actitud, sino que haría una lista de prioridades y trabajaría con lo que fuera importante ese día y así lo hice.


Llegué a la conclusión de que no todo se podía resolver en un día, entonces para que desesperarme. Mi nuevo estilo de vida sería gozarme y alegrarme cada día, sin dejar de cumplir con mis responsabilidades.


Te pregunto, ¿Cuáles son las cosas que no te dejan disfrutar el día? ¿Acaso tu lista se parece a la mía?  Entonces hay solución. Recuerda la decisión que tomes hoy, determinará cómo será el resto de tu vida.


Te invito a que hagas un alto y disfrutes este día.  Yo tomé la decisión, lo hice y aquí te estoy compartiendo el resultado.


Hazlo y luego compártelo con otras mujeres, pues yo sé que da resultado.


Dios te bendiga,


Rev. Awilda Nolla



Recomendaciones

1. Has una lista de tus tareas a realizar en el día de hoy. Luego establece prioridades.



a. ¿Cuáles ameritan que inviertas tiempo en ellas hoy?


b. ¿Cuáles pueden esperar para otro día?


c. ¿Cuáles puedo solicitarle a otra persona que trabaje con ellas?


2. Dentro de las 24 horas del día de hoy,


a. ¿Cuántas le voy a dedicar a Dios?


b. ¿Cuántas voy a utilizar para mí?


c. ¿Cuántas le voy a dar a los míos (mi familia)?


3. Al terminar el día evalúa el tiempo en que te gozaste y te alegraste. Recuerda ese es el propósito y el deseo de Dios para ti.